miércoles, 9 de marzo de 2016

Código Astrolabio


El objeto de estudio son las cosas repetidas y el invento es el código astrolabio.

Pongo el ojo en el código astrolabio dirigido hacia la bóveda mental. Toma la luz de las estrellas* y determino a qué altura me encuentro. Coloco las galaxias* alrededor de los agujeros negros*, hasta la más lejana y menos brillante debe quedar perfectamente alineada. Logro orientarme con exactitud al observar que esas otras cosas repetidas* en realidad están a mucha distancia.

No se trata de intentarlo muchas veces, ha de hacerse de manera diferente.


*Estrellas: cosas repetidas inmutables, nada garantiza que van a estar siempre ahí, pero el hecho es que hagas lo que hagas, están y eso da mucha seguridad.

*Galaxias: cosas repetidas lejanas que no influyen mucho en las mareas ni en las tormentas pero son como farolillos en día de fiesta.

*Agujeros negros: si entras allí no sabes por donde ni cuando saldrás, son cosas repetidas que no se eligen, tocan. (lo máximo que he logrado a base de repetir ha sido rehuirlas, trazar puentes o echarles de comer aparte).


lunes, 29 de febrero de 2016

Voy a verte




Cada vez que me presento en su casa, es para él eso precisamente: presentarme de repente ¡nunca se lo espera! Aunque le haya avisado con tiempo de que voy a visitarle siempre me recibe con cara de asombro, como sin dar crédito a verme de frente. Esto me resulta molesto porque propicia siempre la misma conversación inicial que por hastío no voy a reproducir aquí.

Ya sentados en la sala, pasamos a conversar. Esta parte es especialmente insípida porque preguntamos trivialidades que no nos importan nada, sacamos temas que jamás hablamos con nadie, esas cosas que si las oyes, ves o lees, las olvidas enseguida; tanto es así, que soy incapaz de reproducir ninguna de ellas.

Cuando somos conscientes de la intrascendencia se hace un silencio molesto, de estos que no hay forma de romper. Entonces empiezo a mirar para todos los lados intentando localizar en las paredes algo nuevo a lo que agarrarme ¡Algo! A la vez siento su mirada siguiendo la mía para adelantarse y contestar antes de que yo pregunte. Así siempre me callo y el silencio se alarga todavía más, es cuando ya no puedo más y me levanto buscando el bolso a la vez que voy preparando mi despedida, alguna excusa para romper el silencio y marchar de allí cuanto antes.

Es entonces cuando él comienza a sentirse cómodo; se levanta a su vez y me toma de las manos, me mira de frente, busca mis ojos con media sonrisa en los labios y hasta que no aprecia que estoy leyendo en su interior no me suelta las manos. Ignoro el tiempo que pasamos así, varía con los días, depende de muchas cosas; pero principalmente, creo que es el tiempo que tardo en aceptar que solo me he "presentado" en su casa para ver eso.


Fuga de la realidad


He leído que llegar a la madurez es acortar el camino entre lo que es real y lo que crees que es real, es decir, no presuponer, no dejar margen a la posibilidad, a lo intangible, a lo que es estrictamente visible.

Se dice que imaginamos para escapar de la realidad, y si no fuera cierto, ¿y si la realidad es tan generosa que deja paso a otras formas de percibir la vida porque no se cree tan importante para ser la única percepción? ¿ y si no puede sobrevivir sola, y si necesita necesariamente de otras formas que la supongan para ser plena?

¿Puede la realidad fugarse, escaparse sola, tener tanta consideración que se va hasta que pueda ser digna?. ¿Siempre que desaparece se debe a que es rechazada?

Quien se ciñe estrictamente a la realidad, ese ser maduro, ¿no está negando de alguna manera que la vida, su vida, solo tiene el camino que está transitando?, ¿no estará rechazando, de plano, que otras vidas que no ve puedan influir en la suya.

¿Ese corto espacio es elástico?, ¿o una vez que te ciñes a la estrechez sensata ya resulta imposible envolverte con otros tejidos?



miércoles, 24 de febrero de 2016

Potencial desconocido


Dicen que para superar un miedo lo mejor es hacerte amigo suyo, invocarlo en voz alta, sentarte frente a frente y dialogar hasta que lo ames con todo tu corazón, para entonces asestarle el golpe mortal del valiente, con coraje y sin limitaciones.

No pocas veces ocurre que cuando ya has dibujado su imagen y la has pegado en la nevera para ver el espectáculo desde el plano del vencedor, observas por los detalles que te da esa mirada amorosa, que te acabas de cargar al esperpento que creaste, en el que te apoyaste, al que utilizabas para que ningún miedo fuera más fuerte que ese.

Das la vuelta al papel y vuelves a escribir en mayúsculas el nombre prohibido que ya conocías, al que has estado mimando hasta el punto de fabricarle un muñeco, ya muerto, para que le fuera imposible concentrarse, pero que tampoco pudo distraerse a cambio de mecerte en este onírico estado.

Creo que lo que dicen es falso, no es descubriendo el juego este de tus miedos cuando desarrollas potencialidades que desconocías, en mi opinión alcanzan el cenit en el acto de jugar.



miércoles, 3 de febrero de 2016

Mapa


Todas las salidas de emergencia están marcadas con luces, puertas que solo abren hacia fuera. Cree que hay muchas salidas porque cuando deja alguna atrás, encuentra la indicación de la siguiente.

Dice que en su vida sucede lo mismo, identifica personas y cosas salida y va componiendo un mapa con todas; cuando llega a casa anota dónde la encontró, que aspecto tenía y de dónde le sacará en caso de necesidad. Las que más le interesa encontrar son pequeñas, redondas y azules porque son puertas giratorias y cuando las tome, no sentirá el ahogo de bajar atropellado escaleras de caracol por las fachadas como sucede con las amarillas en forma de estrella, o las verdes con forma de humano corriendo que te sacan a callejones.

A veces encuentra entradas que también tienen luz pero son todas iguales y no las anota porque le absorben y nada más entrar busca como salir.

Hay una marca que la considera como la Catedral del mapa, es la más útil pero la más difícil de identificar, le sirve para escapar de su pensamiento recurrente.

viernes, 22 de enero de 2016

Dos luces, dos



Durante la noche, ya en la cama, el ritual comenzaba por entrelazar sus brazos, besarse las manos, calentarse los pies, colocar cada parte de sus cuerpos en el hueco ávido del otro. se escuchaban gemidos, sintonizaban rítmicos los latidos.

Con las nauseas del día, sus pasos estaban calibrados para no rozarse en el baile infinito de las rutinas caseras, todo estaba aprendido en ese terreno trillado por los días que se suceden como cromos de una colección completada.

jueves, 3 de diciembre de 2015