viernes, 20 de enero de 2017

Ciclo ciclón


Supe que estaba en ciclogénesis porque en pleno estallido de risas, palpitaciones incontrolables y retroalimentar la fuente con la energía que obtenía, en cuestión de palabras, se formaba un espíritu extraño que viajaba fuera de mi a la velocidad de la luz.

Y me dolía la garganta y me perdonaba las revueltas y me rendía arrodillada de nuevo al pleno sol apelando que era una víctima, un verdugo, un yugo y unas alas dependiendo de quién me miraba o de cuando me veía.

Agotada, mi ciclo pronto se topó con ciclones nuevos que desplazaron el mío a otro radio de acción más frío, donde la tónica general era la humedad que pausaba el vuelo raso y corroía la barca varada en mitad de la nada.

Este periodo era depresivo pero constructivo, decisivo, rogativo, impúdico que llenaba con matices propios de un delirio de insolación con punzadas de razón.

Como en los extremos se vive mucho pero se aguanta poco tiempo, por iniciativa propia me mudé con lo que quedaba de ciclo a la calle de la negación. Para entrar allí me compré un traje amarillo llamativo, me corté la lengua y el pelo y cogí kilos y kilos de resignación. 

Ahora compongo canciones de resolana, de shoganai, de wavi-sabi y de ikigai.

La pecera


Lo normal, cuando sucede, es que intentes recrear lo que acabas de soñar y seguro que al día siguiente tienes que madrugar y lo harás cansada, con ojeras, masticando la pesadilla, quizás tardes en despertar y pases la primera hora dejándote llevar, si consigues ponerte guapa será por pura casualidad, es probable que no hablarás esa mañana hasta pasadas dos o tres horas, aunque hayas entrado, salido, tomado un café o visto y no visto a unas cuatrocientas personas con las que ni tan siquiera cruzas la mirada porque has aprendido a esquivar.

Si pasado ese rato de mañana, nadie te ha venido a molestar, seguramente seguirás en tu cama ignorando que ya estás en la vida real, te sorprenderá pensar cuanta parte del día te pasas en otra parte y cuantas noches sin poder descansar.

Ya en casa comes, bebes, pensando en qué se yo, que siempre piensas lo mismo, te ves pensando en lo malo y absurdo que es todo y que sigues sin cambiar los cuadros y sin pintar la habitación y ya estás otras vez sintiéndote de pena.

Si es un buen día te mirarás desde fuera para verte ahí plantada, delante de la cama y te entrará la risa porque en realidad te gustan los cuadros y quieres que sea otro el que pinte la habitación y dominarás tu mente lo justo para que te deje en paz y encenderás la tele, verás una película que sabes que has visto pero que no recuerdas ni la mitad. 

Si es una buena noche posiblemente te irás a la cama, cogerás tu libro y pasadas las siguientes cuatro hojas, apagarás, te acordarás de todos y te duermes pensando en que el día no ha estado nada, pero nada mal.

Patrón fijo


Un patrón de acción fijo, eso somos, realmente no es la necesidad que quieres satisfacer sino lo que te hace sentir; activas o inhibes el patrón fijo y listo. La experiencia es la inclusión o descarte de estos patrones, coleccionamos estados funcionales preestablecidos y automáticos limitados por muy pocas emociones.

Hay algunos patrones fijos que están perfectamente estructurados y para mantenerlos activos simplemente hay que bloquear otros. Otros son difíciles de fijar porque producen emociones contradictorias con las que hay que aprender a danzar, en realidad es un tesoro que se consigue solo si eres capaz de no bloquearlo jamás.

Jueves




Un jueves resumen* llegó a mi vida de forma inesperada un corazón, hizo que marcara los jueves en el calendario, que señalara esa semana en rojo, ese mes como el preferido del año y ese año como el más bonito de mi vida.

Ayudaba a mi madre a escoger lentejas; mi vista y su paciencia hacían que no se nos colara en la cazuela nada más que lentejas. En mi montón había algo de color lenteja en forma de corazón, lo cogí con dos dedos, lo aplasté, lo mordí y se lo pasé a mi madre para que con su experiencia le diera nombre, historia, como así fue.

  Perforé aquel corazón de la tierra diminuto con un alfiler, le coloque lana rosa y me lo colgué. He vivido toda clase de aventuras con él, lo he perdido y encontrado mil jueves, llevado por dentro y por fuera, y aquí sigue intacto en mi mano.

  Ahora lo estoy subastado en eBay, nadie se ha interesado aún en comprarlo porque la foto no le hace justicia y es difícil describir la procedencia, el material y sus propiedades, o porque es martes.

* Los jueves de mi vida tienen algo especial, siempre se presentan como el resumen de la semana dónde en pocas palabras se puede contar lo más importante de lo que ha pasado o pasará en lo que resta de semana, quizás sea porque nací en jueves, o por la revista de humor y la canción más triste de la Oreja de Van Gohg, puede que sea eso, que es todo a la vez.

Tras la palabra precisa


Voy detrás de ella, pero se escapa, se escurre entre los pensamientos, es mucho más rápida que todo lo demás. Intento hoy, ahora, darle nombre, pero el instantes tienen tanta fuerza, pasan tantas cosas en él que se hace poco posible condensar.

Cuando todo es más mascado, en el que puedes voltear, diseccionar, tampoco la encuentro porque se llena de matices, todo es posible ahí y no se hace sencillo precisar.

Y así sigo, mutando, como esa palabra imprecisa que nunca logro articular.

Outside

Casi siempre lo observo durante días, sin prisas. Lo miro a los ojos con el estómago, quiero saber si hay abismo, después trato de dibujarlo quiero saber si hay belleza y por último lo someto a lógica y lo enfrento con argumentos quiero saber si hace aguas o si encuentra barca. 

A veces sigo varios a la vez, otros se funden sin querer, ha habido veces que incluso parece que desaparece pero vuelve al cabo de años, entonces lo escribo, quiero saber de qué está hecho.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Tu nombre


Otra vez frente al verdugo que hace girar palabras, estrangula sonidos hasta ahogar el entendimiento, se asegura que matas y mueres. 

Reencontrarse con el eufemismo de la crudeza en lo mismo, la acción que enarbola la bandera de la vil cobardía del valiente es parálisis agotadora.

Súbito encuentro con viejos conocidos en territorios desconocidos, cara a cara con la insaciable insoportable levedad del ser en el mundo que solo es mundo.

En esta ocasión no barro la baba de caracol bajo la alfombra roja, en mi silencio incondicional muere el río revuelto, daré la espalda al Sistema deshumanizado cuando busque puentes.

Hoy mismo voy a ponerte un nombre no demasiado técnico para que cuando te llame, te vuelvas.