viernes, 23 de septiembre de 2016

SOY


La hoja que, llegado su tiempo, se torna amarilla El fruto rojo que adorna el espino La piedra que deja brotar al tomillo La nube que viaja con el viento El grillo que canta frenético La savia salida del tronco herido El olor de la tarde de lluvia El zorro que cruza en la noche

Pero también soy el rayo que parte el tronco en dos El torrente que vuelve al surco olvidado El ciempies atropellado El oleaje estampando su fuerza en el acantilado La mariposa que muere en un día El hedor putrefacto La mosca que zumba en mi oreja
Sobre todo soy nada El sonido del chopo que nadie escucha El pájaro que cayó del nido El tacto áspero del tronco de almendro La vista que se pierde en el campo monocromático La tierra que se quiebra por falta de agua Un trocito de arco iris que indica que allí está lloviendo
A veces soy el pétalo que falta a una flor y otras tantas un maíz de un campo de maíz

EL PIANO



Esas entrañables tareas que dejan margen para ser pianistas: cuerpo marca el ritmo, mente improvisa tonos.
Omito los acordes rítmicos que supone hacer la comida, todos sabéis tararear. Comienza la fiesta!, pongamos en un recuerdo de Madrid, siento el frío en la plaza, hay jaleo y te veo llegar, traes la guitarra y empiezas a tocar, me miras y cantas, sonríes y tocas, aplaudo y deposito una nota en tu sombrero «quiero verte bailar»
Segundo plato. Estoy sudada y mi beso se pega, busco tu mano manca, tu espalda tabla, mis manos árbol arrugan tu manga, cojeo aún. tres tristes músicos tocan, paras a escuchar, estiro, el tiempo vuela y quiero hablar.
Pongo la mesa. Escucho impasible tu relato, lloras, permanezco inmóvil, silencio musical, dejo que sigas sin más.
Cigarro, preludio de final. Beso tus ojos, bebo lágrimas, tu cabeza en mi pecho, hoy solo quiero verte bailar.
Las camas me esperan. Fantástico, nos vamos de camping al mar!

Vuelves



Llegas en mal momento, como siempre. No voy a mentirte ni a engañarte con delirios imaginados, no!. Sigo siendo negligente con mis fallos, me perdono.
Llama a mi puerta, saldré cuando pueda.

Es intolerable tachar de intolerante a D. Trompeta


Un día, el hombre que iba a convertirse en el jefe de estado del país más influyente y próspero del mundo, llegó a nuestro pequeño pueblo.
Lo recibimos con vítores, agitando ramas de olivo y de almendro, pues eligiendo a la única población excomulgada del mundo para dar su último mitin antes de las elecciones generales, estaba demostrando su solidaridad y hacía patente su compromiso con la globalización de las relaciones entre estados.
Todos deseábamos oír lo que tenía que decirnos.
D. Trompeta extendió sus manos y habló así:
_¿Cuántos de vosotros habéis nacido en este pueblo? ¡Que se coloquen a este lado del remolque!
Después de observar a los ancianos lugareños, alineados ya a su derecha, añadió:
_¡De la gente que habéis venido desde otros lugares, que den un paso al frente los que tengan hijos que hayan nacido aquí!
Seis o siete de nosotros nos adelantamos, separándonos del resto de vecinos.
El Señor Trompeta tomó de nuevo la palabra y con los ojos cerrados añadió:
_¡Miraos bien! Aunque sois diferentes, juntos habéis sabido superar el estigma y discriminación religiosa, pero vuestra obediencia ciega a la autoridad indica que está lejos el día en que luchéis por los demás.

Presentada para un concurso litarrio convocado por la Asociación Ateneo de Laguna de Duero, Valladolid

LA SÉPTIMA OLA


 

Hago una raya en la arena allí donde la ola llega más lejos. Mido cada cresta con la referencia de las nubes. Cuento el tiempo que tarda en producirse una nueva. Las voy numerando, busco la séptima.

Pero hay marcas que no permanecen, a veces no hay referencias, no todo es cuestión de tiempo, número no es igual a cantidad y no estoy en la playa.

SIEMPRE ABIERTA


Si me asustaba y te creía, te creaba, existirías. “Tu hija vivirá sana y feliz; a cambio, tu segundo hijo no nacerá”. Estaba inquieta, hacía poco tiempo que vivía en Trasmoz y había escuchado muchas historias del lugar. Volviste con lo mismo años después, te ignoré: he dado a luz dos veces.

Esta vez te necesitaba, te creé. Un amigo enfermó gravemente una noche, me cogiste de la mano y fuimos corriendo a la puerta para no dejarle pasar . Por ser Trasmoz un pueblo excomulgado y maldito tiene una puerta de muertos; solo hay puerta y siempre está abierta. A ciertas horas, el pueblo tiene más muertos que vivos, aunque en realidad aquí llegan vivos, mueren al cruzar. Los que no creen en Dios y quieren abandonar este mundo buscan estas puertas. Mi amigo es ateo y tú sabías que vendría. Me aposté en el umbral hasta que le vi, como era importante que me reconociera para poder detenerle, empecé a cantar el “Only You” mientras me acercaba a él, riendo a carcajadas me abrazó. Hablamos hasta el amanecer, no le conté nada de su enfermedad ni de la puerta pero cuando recuperó la consciencia escribió un poema titulado así.
Le creí, existes. Cuando el Vikingo visitó Trasmoz, te vio, vio la puerta y quiso quedarse a morir aquí. Los vivos se acercaban a él, le pedían opinión sobre hacer esto o lo otro antes de atravesarla definitivamente. Sabía que antes de morir hay que decidir exactamente en qué convertirse. Hablamos de ti una noche, me contó que elegiste vigilar la puerta para que no la cierre ningún cristiano. El Vikingo murió en la noche de la última luna de sangre, se expandió como hacen las estrellas.

Se publicará en la revista del “Embrujo de Trasmoz” el próximo verano
Agosto 2016.

En el borde del círculo


Vivía en un medio hostil, no lo iba a negar ahora que había descubierto lo que el ser humano espera de si mismo. Si no hubiera alrededor le sería más fácil crecer sin más. Pero tenía la sensación de que vivir en ese medio no era lo suyo, le suponía un enorme esfuerzo aceptar verdades irrefutables sobre comportamientos, metas, sobre cultivar sueño que en ese momento veía como completamente inútiles.
Ya daba por perdido la percepción de tiempo y espacio que se había establecido por norma y más aún lo que hay que hacer con él.
No es que fuera un rebelde porque si, era más bien que no le quedaba otro remedio que crear sus propios esquemas, visto que los que trazaban a la fuerza no le encajaban.
Aún así, sabía que se le pasaría, que más adelante vería que esto que ahora vivía tenía muerte segura, encontraría razones imaginarias y explicaciones sin teorías, sin sentido, algún día.