viernes, 22 de enero de 2016

Dos luces, dos



Durante la noche, ya en la cama, el ritual comenzaba por entrelazar sus brazos, besarse las manos, calentarse los pies, colocar cada parte de sus cuerpos en el hueco ávido del otro. se escuchaban gemidos, sintonizaban rítmicos los latidos.

Con las nauseas del día, sus pasos estaban calibrados para no rozarse en el baile infinito de las rutinas caseras, todo estaba aprendido en ese terreno trillado por los días que se suceden como cromos de una colección completada.