viernes, 20 de enero de 2017

La pecera


Lo normal, cuando sucede, es que intentes recrear lo que acabas de soñar y seguro que al día siguiente tienes que madrugar y lo harás cansada, con ojeras, masticando la pesadilla, quizás tardes en despertar y pases la primera hora dejándote llevar, si consigues ponerte guapa será por pura casualidad, es probable que no hablarás esa mañana hasta pasadas dos o tres horas, aunque hayas entrado, salido, tomado un café o visto y no visto a unas cuatrocientas personas con las que ni tan siquiera cruzas la mirada porque has aprendido a esquivar.

Si pasado ese rato de mañana, nadie te ha venido a molestar, seguramente seguirás en tu cama ignorando que ya estás en la vida real, te sorprenderá pensar cuanta parte del día te pasas en otra parte y cuantas noches sin poder descansar.

Ya en casa comes, bebes, pensando en qué se yo, que siempre piensas lo mismo, te ves pensando en lo malo y absurdo que es todo y que sigues sin cambiar los cuadros y sin pintar la habitación y ya estás otras vez sintiéndote de pena.

Si es un buen día te mirarás desde fuera para verte ahí plantada, delante de la cama y te entrará la risa porque en realidad te gustan los cuadros y quieres que sea otro el que pinte la habitación y dominarás tu mente lo justo para que te deje en paz y encenderás la tele, verás una película que sabes que has visto pero que no recuerdas ni la mitad. 

Si es una buena noche posiblemente te irás a la cama, cogerás tu libro y pasadas las siguientes cuatro hojas, apagarás, te acordarás de todos y te duermes pensando en que el día no ha estado nada, pero nada mal.

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